miércoles, 5 de octubre de 2016

El signo del mes: Libra


Este signo zodiacal está relacionado con Astrea, la diosa catasterizada (convertida en estrella) como Virgo. Así, Libra sería el atributo de esta diosa, quien se serviría de una balanza para pesar la justicia de los hombres o el destino de éstos.

No obstante, esto no siempre fue así. En un principio se consideró que serían las pinzas (Chelae en griego) de Escorpión, pinzas que en latín se designaban como Libra. Pero ¿cómo explicar el paso de “pinzas” de un escorpión a los brazos de una “balanza”? En el comentario de Servio, autor latino, a las Geórgicas de Virgilio (1.33) parece ser que está la clave. La balanza se consideró como símbolo de la Justicia por cercanía con Virgo, ya que estaba situada bajo éste.

Los romanos consideraban que Virgo era la catasterización de Erígone, hija de Icario, el introductor de la vid y el vino en Grecia. Éste dio a beber del fruto de la nueva planta a los ciudadanos, quienes, por no tener colmo, se emborracharon. Creyendo que Icario los había envenenado, lo mataron. Cuando Erígone fue a buscar a su padre, al encontrarlo muerto, se ahorcó sobre la tumba paterna. Por la piedad hacia su padre, fue convertida en estrella por los dioses y llamada con el nombre de Justicia.

Servio reafirma esto unas pocas líneas antes de relatar brevemente el mito de Erígone cuando escribe que “libra (las pinzas del cangrejo) son la equidad, Virgo la justicia”.

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica
Si quieres conocer tus mitos y leyendas locales,
no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Granada.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Estreno ruta "Granada hermética y masónica"


¿Quieres pasear por Granada desencriptando simbología hermética que muy pocos conocen y comprenden?

Únete el sábado 8 de octubre al estreno de nuestra ruta Granada hermética y masónica, guiada por el especialista David Martín (ver Sobre nosotros).

SÁBADO 8 DE OCTUBRE
19:00 hrs.
(Duración: 2'5 hrs. aprox.)
Precio: 15 € (Oferta de lanzamiento)
IMPRESCINDIBLE RESERVA
Información y reserva: 652374417

martes, 20 de septiembre de 2016

El mito del mes: Septiembre



ROMA:

               Septiembre sería el séptimo mes del antiguo calendario romano o prejuliano, a partir de lo que toma su nombre. Durante un breve tiempo, el emperador Domiciano, que tomó el sobrenombre de Germánico por su victoria frente a los catos, le cambió el nombre por Germánico y porque, de acuerdo a Suetonio (Domiciano 13) y Marcial (Epigramas 9, 1), en este mes asumió el imperio.

            Este mes, aunque en el calendario agrícola estaba bajo la protección de Vulcano y Minerva, en realidad era más de Júpiter, ya que durante casi todo el mes (del 5 al 19) se celebran los juegos más antiguos y famosos de Roma, los “Ludi Romani”, dedicados a Júpiter Optimus Maximus. En principio conmemoraban los triunfos militares, pero posteriormente se celebraron de manera anual.

            Previo a los juegos, tenía lugar una procesión desde el Capitolio hasta el Circo Máximo pasando por el Foro. Encabezándola, iban las autoridades y los hijos de éstas (como muestra del poderío romano presente y futuro a los asistentes extranjeros), les seguían, en primer lugar, los participantes en las competiciones varias, los cuales iban desnudos a excepción de sus genitales; en segundo, los coros de danzarines divididos en grupos según la edad (hombres, adolescentes y niños) dirigidos, cada grupo, por un líder que marcaba los movimientos de las danzas. Tras estos bailarines de danza seria, iban bailarines o sátiros de danza cómica, que parodiaban las danzas serias. A continuación se encontraban los portadores de los instrumentos y materiales necesarios para el sacrificio con el que culmina la procesión. En último lugar, cerraban la procesión grupos de hombres que portaban en sus espaldas imágenes de los dioses olímpicos y de los anteriores y posteriores a ellos, tanto romanos como griegos (o como se diría en “Juego de Tronos”, “de los dioses antiguos y nuevos”). Tras la procesión, tenía lugar el sacrificio de bueyes cuyas entrañas eran rebozadas en harina de espelta y puestas en el altar para ser quemadas.

            Los juegos englobaban competiciones de aurigas y carreras en el estadio (los corredores eran los acompañantes de los conductores de los carros de la competición anterior), y competiciones a nivel individual (corredores, púgiles y luchadores).

            Plutarco (Coriolano 24.2) y Dionisio de Halicarnaso (Historia de Roma 7.68), entre otros, recogen el episodio del “bailarín ‘non grato’ a los dioses” (491 a.C.). A Latinus, un hombre de vida sencilla, se le apareció Júpiter Optimus Maximus en sueños encargándole que dijera al Senado que el danzarín que había presidido la procesión lo había hecho mal y esto le había provocado disgusto. Como ni a ésta ni a las dos siguientes apariciones Latinus obedeciera al dios, Júpiter lo castigó con la muerte del hijo y con la parálisis de su cuerpo y grandes dolores. Ante esto, fue llevado al Senado, donde relató la aparición y el mensaje. Los senadores investigaron quién era ese bailarín y descubrieron que había sido un esclavo en cuya espalda su amo había atado un madero por el pecho y los hombros hasta las muñecas, lo que le dificultaba los movimientos cuando era azotado de manera pública; esto le provocaba que, al moverse, distorsionara su cuerpo de modo poco armónico. Los senadores castigaron al amo por su crueldad y repitieron ese año los juegos desde el principio de los mismos.


GRECIA:

            En el calendario ático, Boedromion (septiembre-octubre) seguía a Metagitnion (agosto-septiembre) y en él se celebraba uno de los misterios más conocidos y a la vez desconocidos del mundo griego: los Misterios de Eleusis.
            Estos Misterios tenían una parte pública, ya que se realizaba a la vista de todos, siendo ésta la parte que nos es conocida, y otra privada, reservada a los iniciados, que no podían revelar bajo ningún concepto lo que sucedía dentro del templo (por ende, esta parte nos es desconocida, y lo único que podemos hacer es elucubrar).

Las celebraciones previas a la celebración de los Misterios comenzaban el día 13 de este mes con una procesión de jóvenes de Eleusis al Eleusinion en Atenas, en la que portaban los “hiera” ocultos en cestas. El primer día de los Misterios (“agyrmós”) se anunciaba de manera oficial por el hierofante la participación en ellos para todos los que quisieran ser iniciados, a excepción de aquellos que no entendían griego o los de alma/mente impura. El segundo día (“élasis”) los “mystai” o los iniciados marchaban al Falero a purificarse mientras gritaban “Al mar, mystai (Thalade, mystai)” y, una vez en el mar, se purificaban a sí mismos con el lavamiento de un lechón en las aguas. El quinto día se celebraban los Misterios dentro del Eleusinion. Comenzaba con una procesión encabezada por la estatua de Yaco, seguida por el carro que portaba los “hiera” y a continuación los sacerdotes, los iniciados y los ciudadanos. Una vez que se llegaba a Eleusis, los iniciados entraban en el Telesterion o sala de iniciación y tenían lugar los Misterios. 

En el “Himno homérico a Deméter” se relata que los Misterios fueron instituidos por la misma Deméter mientras descansó en Eleusis de su periplo en busca de su hija como invitada del rey Céleo. Durante la estancia en el palacio de Céleo, Deméter, en apariencia una anciana, intentó mantener por siempre joven y hacer inmortal al hijo del rey. Para ello lo ungía de ambrosía y lo sumergía todas las noches en fuego, hasta que fue descubierto por su madre. Deméter, abandonando la apariencia de anciana y tomando la de diosa, se enfureció y para ser aplacada fundó los Misterios:


"Pero ¡ea!, que todo el pueblo me erija un gran templo y un altar dentro de él, al pie de la ciudadela y del elevado muro, por cima de Calícoro, sobre una eminencia de la colina. Los ritos, los fundaré yo misma, para que en lo sucesivo, celebrándolos piadosamente, aplaquéis mi ánimo" (traducción de Alberto Bernabé).


Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

 
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domingo, 11 de septiembre de 2016

El fantasma de la Casa del Castril


Hace algunos años trabajé varias semanas en el Museo Arqueológico de Granada con motivo de las actividades para niños que se organizaban durante las vacaciones escolares de Navidad. En la introducción que les hacíamos, les comentábamos que el palacio estaba supuestamente encantado y que algunos trabajadores del lugar aseguraban haber visto al fantasma de Elvira de Zafra, que allí habría vivido siglos atrás. Y los niños, entre asustados y emocionados, con los ojos saliéndose de sus órbitas, se pasaban toda la visita preguntando... "¿Cuándo vamos a ver al fantasma...?"

Pero no solamente los más jóvenes se sienten atraídos por los misterios de la Casa del Castril. Los adultos resultan igualmente fascinados por el relato que tradicionalmente ha explicado la presencia del espectro de Elvira. Una historia de maldiciones, amor, celos, ira y, claro está, muerte. Incluso culmina con un féretro arrastrado por las aguas del Darro debido a esa maldición, de forma que el difunto nunca podría descansar en paz.

Si quieres conocer esta leyenda, así como otras historias mágicas de tu ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Granada (organizada por Érase una vez Granada).

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Teo Fernández Vélez
Érase una vez Granada

domingo, 21 de agosto de 2016

El mito del mes: Agosto



El mes de Agosto pertenece al grupo de meses que, según la tradición, en el calendario establecido por Rómulo, fundador y primer rey de Roma, recibieron un nombre relacionado con un número. Así, Agosto se llamaba Sextilis, es decir, “el sexto”. El año entonces comenzaba en Marzo y hasta Junio tenía un nombre relacionado con una divinidad. A partir de Julio y hasta Diciembre tenía (y conserva en parte) un nombre asociado a su orden en el calendario. Para compensar ciertos desbarajustes temporales, se añadieron meses, llegando a ser doce como en nuestros días.

Sin embargo, tanto Julio como Agosto cambiaron sus nombres por otros más ilustres, en honor a dos figuras decisivas e importantes en la historia de la República Romana. Irónicamente, estas figuras estaban emparentadas entre ellas, ya que Julio César (mes de Julio) fue el padre adoptivo de Octavio Augusto (mes de Agosto).

Agosto recibe su nombre de Octavio, hijo adoptivo de Julio César. Y no tanto porque este llegó a ser emperador, sino por su entrada triunfal en Alejandría en 30 a.C. (más exactamente, el 29 de agosto de 724 [año romano]) tras su victoria sobre Cleopatra y Marco Antonio en Accio en 31 a.C. (el 2 de septiembre de 725). Así, por estatuto público, le fue añadido el sobrenombre de Augusto y de ahí este mes toma su denominación.

En el calendario romano se celebraba la festividad dedicada a Vulcano (Vulcanales o Vulcanalia). Ésta tenía lugar a finales de agosto, el 23, y la finalidad era propiciar al dios del fuego para que no hubiera incendios y así proteger las cosechas. En esta festividad se celebraban unos juegos en el circo Flaminio, donde el dios tenía un templo. En éstos se realizaba un sacrificio de peces que la gente que asistía a ellos los echaba al fuego. Parece ser que el día de esta festividad se comenzaba a trabajar a la luz de las lámparas, como buen presagio, por aquello de que Vulcano era el dios del fuego. Así lo recoge Plinio el Joven cuando está describiendo los hábitos de su tío:

A partir de las fiestas de Vulcano empezaba a trabajar a la luz de las lámparas a media noche, no para conseguir un comienzo del día favorable, sino para tener más tiempo de estudio (Espístolas 3.5, traducción Julián González Fernández)

Pero es, sin duda, en el calendario griego donde está la festividad más conocida y más celebrada a lo largo de la historia: los Juegos Olímpicos. Hay quien los remonta a los juegos funerarios celebrados en honor de Patroclo (Homero, Ilíada 23), otros que fue el mismo Zeus tras la victoria sobre los titanes como símbolo de la victoria de la cultura sobre la fuerza bruta, pero parece más consensuado que fueron fundados por Heracles en honor a su padre Zeus. Estos se celebraban cada 4 años (algo que se sigue manteniendo en la actualidad).

Uno de los trabajos que Heracles realizó fue limpiar los establos de Augias, quien le prometió una décima parte de su ganado si lo hacía en un solo día. Heracles logró limpiarlos en el tiempo convenido al desviar el curso del río Alfeo. Sin embargo, Augias no cumplió su parte del trato alegando que quien tenía que pagarle era Euristeo, quien le había ordenado el trabajo. Heracles reclamó a Euristeo, pero éste tampoco le pagó excusando que era su trabajo (Heracles estaba sirviendo como castigo a las órdenes de Euristeo). Así pues, Heracles deja por el momento su venganza contra Augias.

Es tiempo después cuando Heracles toma la ciudad de Elis y vence a Augias y a sus hijos. En su camino de regreso, delimita un recinto sagrado, el “Altis”, e instaura unos Juegos Olímpicos en honor a Zeus Patrio. La Olímpica 10 de Píndaro narra todos los detalles previos a la fundación de los Juegos (la lucha contra Augias y sus hijos, la delimitación del recinto sagrado, la dedicación de los altares…). Sin embargo, es Diodoro Sículo quien nos ofrece cuál sería el primer premio de esos Juegos:

Y decidió que el premio de esta competición sería sólo una corona, porque él mismo había actuado como benefactor del género humano sin recibir ningún salario (Diodoro Sículo, Biblioteca histórica 4.14, traducción de Juan José Torres Esbarranch).
Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

lunes, 1 de agosto de 2016

El signo del mes: Leo


Poco lugar a la imaginación deja este signo zodiacal: leo es la palabra latina para “león” y el león más conocido de la mitología griega es el de Nemea, matado por Heracles (Hércules).

Heracles, para purificarse por haber matado a sus hijos y a sus sobrinos en un ataque de locura enviado por Hera, debe realizar doce trabajos. El primero es la muerte del león de Nemea, animal que tenía atemorizados a los habitantes de allí.

La facilidad del trabajo es solo aparente, pues el león tenía una piel tan gruesa que lo hacía invulnerable al ataque de cualquier tipo de armas (lanzas, flechas…). Para poder vencerlo después de múltiples ataques fallidos, Heracles lo asfixia con sus brazos y, aconsejado por Atenea, corta la piel del león con las garras de éste.
A diferencia de otros signos, el león de Nemea no fue convertido en estrella por la ayuda prestada sino que, según Eratóstenes (Catasterismos, 12), “recibió honores de Zeus por ser el rey de los cuadrúpedos” o como conmemoración de esta primera hazaña de Heracles.
Como es usual, Eratóstenes nos describe la posición de las estrellas Leo así:

“Tiene tres estrellas en la cabeza, una en el pecho, dos bajo el pecho, una brillante en la pata derecha, una en medio del vientre, una bajo el vientre, una en la cadera, una en la rodilla trasera, una brillante en el extremo de la pata, dos en el cuello, tres en el lomo, una en medio de la cola, una brillante en su punta, <una en el vientre>. Diecinueve en total. Se ven también siete sin brillo encima de él, en triángulo y a la altura de la cola, llamadas Cabellera de Berenice Evergétide” (traducción de Manuel Sanz Morales).
Dámaris Romero 
Profesora de Filología Clásica de la UCO

domingo, 17 de julio de 2016

El mito del mes: Julio



Con Julio comienza la serie de meses que reciben su nombre de acuerdo a la posición que ocupan en el calendario romano. Este mes era el quinto, por lo que al principio se le nombró como Quintilis. Fue Marco Antonio, un cónsul del siglo I a.C., quien le cambió el nombre en honor de Julio César, que en ese momento poseía el título de dictator perpetuo, puesto que éste había nacido en este mes.

Una de las fiestas que se celebran durante este mes es la Neptunalia, el 23 de julio, en honor de Neptuno, dios de las aguas. En esta fiesta tiene lugar el sacrificio de un cabrito, para que las fuentes mantuviesen el agua durante “la estación atroz de la canícula encendida” (Horacio, Oda 3.13). También en honor de Neptuno se plantaban árboles durante estas fiestas. Por desgracia, poco más nos dicen los autores de esta fiesta.

Es en el calendario griego donde en este mes, el Hecatombeon, se celebraba una de las fiestas más importantes en honor a Atenea: las Panateneas, que conmemoraba la victoria de la diosa sobre los Gigantes que se sublevaron contra el reinado de Zeus, su padre.

Las fiestas comenzaban con una procesión que recorría los lugares más importantes de la ciudad: el Cerámico, el Ágora hasta subir a la Acrópolis por los Propileos y rodearla, de modo que la procesión terminara en lado este del templo, frente al altar de la diosa. Probablemente sean los mismos frisos del Partenón la mejor fuente que en la actualidad haya para ilustrar quiénes participaban (ciudadanos jóvenes y adultos e hijas de ciudadanos, metecos y sus hijos, incluso extranjeros aliados) y qué llevaban en esta procesión (cestas con ofrendas para la diosa y jarras de agua, animales para el sacrificio). El objetivo era revestir a la estatua de la diosa con su nuevo peplo, tejido por las muchachas escogidas de entre las familias más importantes. En el peplo estaban bordadas las luchas de Atenea contra los Gigantes.

           Tras la procesión y el revestimento de la estatua, se procedía al sacrificio de los animales y la repartición de su carne en el Cerámico entre los miembros de los demos en proporción a los miembros que habían enviado a la procesión.

            El espíritu alegre y festivo que habría puede ayudarnos a imaginarlo este fragmento de Baquílides (frag. 4), en ocasión de otra fiesta: 

          "Sobre artísticos altares en honor de los dioses se quemen con rubia llama muslos de bueyes y de ovejas de buena lana, y que los jóvenes se ocupen de los ejercicios atléticos, de las flautas y de los cortejos (….) De amables banquetes se colman las calles, e himnos en honor de niños se alzan como llamas" (Traducción de Fernando García Romero)

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica