domingo, 10 de abril de 2016

El signo del mes: Aries



Signo zodiacal también conocido por Carnero, es, sin lugar a dudas, el caprino más famoso de toda la Mitología griega, pues tras él se esconde el mítico Vellocino de Oro.

  
Atamante, rey de Tebas o del reino de los coroneos, se casó con Néfele, con la que tuvo un hijo, Frixo, y una hija, Helen. Tras repudiarla, contrajo segundas nupcias con Ino, que siempre celó de los vástagos del primer matrimonio de su esposo, de modo que ideó matarlos. Para ello, persuadió a las mujeres del reino que tostasen los granos de trigo que serían utilizados para la siembra. Como era de esperar, esos granos no dieron el fruto esperado, por lo que Atamante envió mensajeros al oráculo de Delfos para preguntar la causa. Ino sobornó a esos enviados para que, cuando el rey les inquiriera, respondieran que el oráculo vaticinó el sacrificio Frixo y Helen para la recuperación de la fecundidad de la tierra.

Cuando Frixo y Helen estaban a punto de ser sacrificados, Helen les entregó un carnero de piel dorada que Hermes le había regalado. Ambos niños, subidos sobre los lomos del animal, lograron huir volando –el carnero podía volar.

En su camino de huida, cuando Frixo y Helen estaban sobre la parte más estrecha del mar, la niña cayó al agua – por lo que ese mar recibió su nombre (Helesponto). Tras este accidente, Frixo y el carnero llegaron a Cólquide, donde su rey, Eetes, lo acogió y le entregó a su hija Calcíope como esposa. A cambio, Frixo sacrificó el animal a Zeus, despojándole de su piel de oro, la cual entregó a Eetes.

El animal, por su entrega, fue catasterizado. Sin embargo, su brillo es escaso, ya que fue convertido en estrella después de ser sacrificado y sin su dorada piel.

Eratóstenes nos describe la posición de las estrellas en Aries de la siguiente manera:
 
“En la cabeza tiene una estrella; en el hocico, tres; en el cuello, dos; <en> la punta de la pezuña que tiene adelantada, una; <en> el lomo, cuatro; <en> la cola, una; bajo el vientre, tres; sobre la cadera, una; en la punta de la pezuña que tiene retrasada, una: en total, diecisiete.” (traducción de José B. Torres Guerra).
Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

jueves, 31 de marzo de 2016

El mito del mes: Marzo


En un principio Marzo, o el mes de Marte, era el primero del año del calendario romano hasta la reorganización del mismo por Julio César, quien le añadió sesenta días y una quinta parte del día, según Ovidio. A este dios se le consagró, por una parte, este mes por ser el padre del fundador de la ciudad y de su hermano, es decir, de Rómulo y Remo respectivamente. Por otra, porque así esta divinidad presidía las armas que ”proporcionaban abastecimiento y gloria a un pueblo feroz” (Ovidio, Fastos 3.86)

Una de las celebraciones que tenían lugar en este mes eran las dedicadas a Anna Perenna durante los Idus (Los Idus de Marzo son, sin lugar a dudas, más conocidos por el asesinato de César). Esta festividad se celebraba en las orillas del río Tiber, lugar en el que los romanos se recostaban y bebían deseándose tantos años como copas bebían. También cantaban canciones obscenas de amor y de alegría.

Que se celebre cerca de un río y que se canten ese tipo de canciones tiene su razón de ser en Ana, la hermana de la reina Dido. Tras el suicidio de ésta, su hermana Ana huyó por diversos lugares sufriendo avatares varios hasta que llegó al Lacio, donde fue encontrada por Eneas, quien le dio hospedaje en su casa. Ante las atenciones que le brindaba, su esposa, Lavinia, tuvo celos de ella y quiso matarla; sin embargo, Ana, avisada por el espíritu de su hermana, huyó. Numicio, una divinidad acuosa, la ocultó en su lago. Las huellas seguidas por quienes la buscaban se perdían en el río, pero ella les cantó para su tranquilidad y regocijo:

“Soy la ninfa del apacible Numicio;
oculta perennemente en el río me llamo Anna Perenna”

Convertida en divinidad, Marte le confesó su amor por Minerva y Anna, juguetona, le concertó una cita con la diosa. Cuando Marte se disponía a besar a Minerva, descubrió que era Anna con el rostro cubierto, de modo que el dios se enfadó por verse burlado. Sin embargo, a los demás les resultó gracioso y por ello cantan este tipo de chanzas.


Probablemente para los griegos el mes Elafebolion (mitad marzo-mitad abril) sea uno de los más importantes, no sólo se abrían los puertos que habían estado cerrados durante todo el invierno, sino también por la celebración que tenía lugar a principios de su mes. Ambos acontecimientos, la apertura de los puertos y la celebración, suponían una revolución para Atenas y una demostración de su poder. Pero ¿qué fiesta se celebraba que originara tanto revuelo? Las Grandes Dionisias.

Las Grandes Dionisias eran una celebración en honor a Dioniso como “observador” de lo que ocurría dentro de la escena (la palabra griega para ‘teatro’ proviene de una raíz que significa ‘ver, observar’).  y en ellas durante cinco días se desarrollaban competiciones teatrales, entendiendo que el teatro abarcaba competiciones líricas, de comedia y de tragedia. Este era el orden en el que los géneros competían. La tragedia ocupaba los tres últimos días, ya que tres eran los autores que representaban sus tetralogías (tres tragedia y un drama satírico). Las fiestas comenzaban con una procesión hacia el templo de Dioniso Eleutheros, en Eleusis. Finalizaban las Dionisias con la proclamación de los ganadores a ‘Mejor actor trágico’, ‘Mejor poeta trágico’ y ‘Mejor corego’ (director de coro).

 Las Grandes Dionisias eran importantes por dos razones. En primer lugar, Atenas recibía a los extranjeros que venían tras abrirse los puertos, lo que le permitía mostrar su poderío; en segundo lugar, el teatro ponía en escena a través de los mitos y sus protagonistas los problemas políticos del momento.

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

domingo, 27 de marzo de 2016

Los Libros Plúmbeos del Sacromonte


A finales del siglo XVI, un buscador de tesoros realizó un hallazgo en el enclave granadino conocido como Valparaíso. En los años siguientes se sucedieron otros similares, apareciendo lo que supuestamente eran restos de diversos mártires (entre ellos, San Cecilio), así como unas pequeñas láminas de plomo circulares con inscripciones y una hendidura para engarzarlas. De ahí que fuesen "libros de plomo": libros plúmbeos. Concretamente, 21 libros, que sumaban más de 200 planchas.

El texto, escrito en un árabe que intentaba aparentar antiguo, venía a ser algo así como un quinto Evangelio, en este caso inspirado por la Virgen María y cuyo contenido suponía un acercamiento entre el Cristianismo y el Islam. Hacía, además, especial énfasis en la virginidad de María.

A partir de estos descubrimientos se levantó la Abadía, justamente sobre las grutas donde tuvieron lugar esos hallazgos, y el lugar se convirtió en un centro de peregrinación, incluyendo la colocación de infinidad de cruces en su camino y alrededores. Tomó como lema un verso que aparecía casi veinte veces en los libros: "A María no tocó el pecado primero". Y, como símbolo, la estrella de seis puntas, ya que aparecía en los mismos; además, este elemento simboliza la sabiduría, y la abadía se convirtió en un lugar de Conocimiento. Para rematar el asunto, San Cecilio se convirtió nada menos que en el patrón de la ciudad.

Todo ello valió a la colina, claro está, el nombre de Sacromonte.

Sin embargo, en el siglo XVII los libros fueron reclamados desde Roma y allí declarados falsos. Se trataba de una falsificación realizada por algunos moriscos granadinos para intentar suavizar el rechazo que sufrían y que, a la postre, supondría su expulsión de nuestro país.

Y allí permanecieron (en El Vaticano) hasta el año 2000, en cuyo verano se trajeron de regreso a Granada. Actualmente pueden verse algunas de estas planchas en el Museo de la Abadía del Sacromonte. Como "evangelio", son falsas. Pero han pasado más de 400 años desde su aparición, y son ya una parte (muy interesante) de nuestra historia...

Teo Fernández Vélez
Érase una vez Granada

Si quieres conocer esta y otras historia mágicas de tu ciudad, puedes seguirnos en Facebook o realizar nuestra ruta nocturna Leyendas de Granada.


lunes, 21 de marzo de 2016

El signo del mes: Piscis



Este signo zodiacal suele recogerse entre los mitógrafos bajo el nombre de “Peces”. ¿Quiénes se esconden tras estos peces y por qué fueron catasterizados (convertidos en estrella)? Dos son las explicaciones más conocidas.

La primera de ella, narrada por Eratóstenes, hace a estos Peces descendientes, hijos o nietos, del Gran Pez, quien salvó a Dérceto tras caer en una laguna por la noche en Bámbice (o Hierópolis). Dérceto, a la que los habitantes de la zona llamaban diosa Siria, era hija de Afrodita. Como recompensa por este salvamento, al Gran Pez y a sus descendientes se les honró con su conversión en astros.

La segunda explicación continúa relacionada con Afrodita, quien, junto con Cupido, se transforman en estos animales acuáticos para huir de Tifón –o Tifoeo-, monstruoso hijo de Gea que quiso reinar entre los dioses. Debido a su apariencia física -cien cabezas de serpiente que salían de sus hombros con negras lenguas; todos sus ojos lanzaban fuegos, según Hesíodo (Teogonía 825-829)-, y su enorme fuerza, los dioses olímpicos tuvieron que huir y esconderse de él, tomando falsas apariencias. Afrodita y su hijo Cupido se refugiaron en Siria –o, según Ovidio (Metamorfosis V.323-331) y otros autores, en Egipto-, metamorfoseados en peces en el río Eúfrates. Esa es la razón por la que, de acuerdo a Higinio (Astronómica II.30), los sirios de esas regiones no comen pescado, ya que temen comerse a los dioses.

Cada uno de estos dos peces, boreal y austral, representa un hemisferio diferente, en posición cambiada, aunque ambos tienen un nexo común. Según Eratóstenes (Catasterismos 21), la posición de estas estrellas es la siguiente:

“El pez boreal se compone de doce estrellas [y dos…], el austral de quince. El cordón que los mantiene juntos tiene, en la parte norte, tres estrellas; en la del sur, tres; en dirección al este, tres; las que conforman el propio neo son tres: en total, doce. Todas las estrellas de ambos peces y de su nexo son treinta y nueve” (traducción de José B. Torres Guerra).


Dámaris Romero

Profesora de Filología Clásica de la UCO

viernes, 15 de mayo de 2015

Vive la magia de nuestra historia...



Ya podéis disfrutar de nuestra ruta nocturna Leyendas de Granada, hermana de la famosa Leyendas de Córdoba, pionera en aquella ciudad en este tipo de tours.

A través del paseo guiado Leyendas de Granada descubrirás los barrios con más encanto de la ciudad de una forma diferente gracias a cuentos andalusíes, curiosidades históricas, secretos de sus más perdidos rincones y relatos de casas encantadas.

¿Cuáles? Contártelo le quitaría todo el encanto. Coge nuestra mano déjate llevar: vive la magia de nuestra historia...

Proxima edición: sábado 1 de abril.
Hora: 2o:00 hrs. (Duración: 2 hrs.)
Precio: 15€/persona (niños de 10 a 14 años, 8 €).
Información y reservas:  652374417
(Todo el paseo transcurre por exteriores).

jueves, 23 de abril de 2015

El mito del mes: Tauro


Bajo el signo de Tauro se esconden dos explicaciones míticas relacionadas con dos mujeres a las que Zeus amó: Europa e Ío.
 
De acuerdo a una de ellas, este animal fue colocado entre las estrellas por haber sido el “transporte” de la princesa Europa desde su Sidón natal –en otras versiones es Tiro- hasta la isla de Creta. Europa, hija de Agenor y Telefasa, jugaba con sus compañeras en las playas de Sidón. Cuando Zeus, al verla, se enamoró de ella y decidió llevársela con él, para lo que se transformó en un hermoso toro blanco. Se acercó y se posó al lado de la joven quien, asustada al principio, acabó acariciando al animal, asombrada por su mansedumbre. Confiada como se encontraba, se sentó sobre los lomos del animal, que aprovechó la ocasión para arrojarse con ella al mar y conducirla hasta Creta, donde reveló su verdadera persona –Zeus- y se unió a la joven. Por el servicio prestado el olímpico catasterizó al animal en una estrella brillantísima.

Otra versión que explicaría la razón de la conversión en estrella del toro se relaciona con Ío, doncella argiva también amada por Zeus y sacerdotisa de Hera. En este caso, no sería un toro, sino una ternera o vaca, ya que esta joven fue metamorfoseada en tal animal para escapar de la ira de Hera. Enamorado el dios de la muchacha por su belleza, le ordenó a través de un sueño unirse a él. Ío consultó la interpretación de ese sueño con los oráculos de Delfos y Dodona, los cuales le aseguraron que si esa unión no se efectuaba, la casa y la estirpe paternas serían fulminadas. Ante tal advertencia la joven se unió con el olímpico, lo que le arrastró ser objeto de los celos y la ira de Hera, esposa de Zeus. Para mitigar las consecuencias de su aventura, Zeus transformó a Ío en una ternera, a la que Hera fustigó haciendo que un tábano la persiguiera sin descanso, hasta que la joven llegó a Egipto, donde recuperó su forma humana y recibió honores divinos. De esta manera, la vaca, imagen de Ío y en atención a ella, fue convertida en estrella.


            Según Higinio, Astronomía 2.20, la posición de las estrellas en Tauro es la siguiente:

 “Tiene una estrella en cada cuerno, pero la que más brilla es la del izquierdo; una en cada uno de los ojos; otra en medio de la frente y otra en el punto donde nacen los cuernos. Estas siete estrellas se llaman Híades, aunque algunos niegan la existencia de las dos últimas, a las que nos acabamos de referir, de modo que hacen un total de cinco. Además, tiene una estrella en la rodilla delantera izquierda; una sobre la pezuña; otra en la rodilla derecha; tres en el lomo, de las cuales la última es la más brillante, y una en el pecho, En total, además de las Pléyades, dieciocho.” (traducción de Guadalupe Morcillo Expósito).

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica

domingo, 19 de abril de 2015

Leyendas de la Alpujarra (I): El jardín de la princesa Cobayda


Existe una laguna en las alturas de Sierra Nevada, la de Lacares, a la que los pastores no se acercan porque se dice encantada. Cuenta la leyenda que, siglos ha, en época musulmana, se erigía un lujoso palacio con su hermoso jardín en el lugar en el que hoy encontramos el paraje natural. Tan insólita ubicación se debía a la voluntad del Rey nazarí de esconder a su hija Cobayda; un grupo de sabios habían predicho, en el momento de su nacimiento, que la joven moriría al conocer el amor por primera vez, por lo que su padre, en un desesperado intento por sortear el trágico destino, había querido alejarla de cualquier posible tentación. La niña vivía con la princesa la discreta Kadiga –la misma de los Cuentos de la Alhambra- que, junto con otras esclavas, se encargaba de velar por su seguridad.

Con el paso de los años, creció hasta convertirse en una hermosa mujer. No conocía más mundo que el de aquellas paredes y aquella espesa arboleda que ocultaba la residencia, ni había tratado con más personas que el grupo de mujeres que con ella habitaban. El Rey, que había construido un pasaje subterráneo secreto, acudía al lugar de vez en cuando y se pasaba las horas contemplando a Cobayda a escondidas.

Paseaba un día la princesa por los interminables jardines del palacio, cuando avistó a un apuesto e imponente caballero, que andaba perdido por los senderos de la montaña y no encontraba el camino de vuelta a la ciudad. Ella, que no había visto una figura masculina hasta ese momento, sintió que algo se removía en su interior; un sentimiento correspondido por el joven, que en seguida quedó prendado de la belleza de la princesa. Desde ese día, y ayudados por la despreocupación de Kadiga y sus esclavas, los dos enamorados se encontraban secretamente cada noche en las frondosas alamedas del jardín.

El repentino cambio de humor de Cobayda, que había sido una chiquilla de carácter melancólico toda su vida, despertó las sospechas de Kadiga, que se vieron confirmadas cuando descubrió a la pareja en una de sus clandestinas reuniones. El Rey, al enterarse de lo que pasaba, montó en cólera y acudió al palacio para comprobar por sí mismo que la historia era cierta. Cuando sorprendió al caballero susurrando palabras de amor al oído de su hija, ciego de ira se abalanzó sobre los amantes desenvainando su espada. La cabeza del joven rodó por el suelo, y se cuenta que hoy en día puede reconocerse en una de las piedras negruzcas que rodean la laguna. La princesa, aterrorizada por la sangrienta escena, quedó convertida en hielo, y tal fue su amargura que sus lágrimas inundaron la zona formando la actual laguna y dejando sumergidos el palacio y sus jardines. El Rey, por su parte, al darse cuenta de lo que había hecho, intentó huir pero no pudo... se había transformado en una enorme roca junto al agua que aún puede apreciarse en el paraje. Cuentan los pocos que han osado visitar el lugar que, en las noches de fuerte tormenta, pueden oírse los gemidos del Rey, que aún se lamenta de dolor...

Liliana Campos Pallarés
Intérprete del Patrimonio

Imagen: www.nevasport.com